Costa de Canelones' URUGUAY

Comisión en DEFENSA de

LAGUNA DEL CISNE y YASIRY

Habitamos este hermoso rincón del mundo al Este del Río Uruguay, con sus praderas megadiversas llenas de flores, sabios montes cargados de belleza, alimento y medicina, numerosos cursos de agua que hacen florecer la vida a su paso, cerros y quebradas antiguas que protegen las memorias, gran diversidad de animales que guardianan el equilibrio de los ecosistemas, maravillosas desembocaduras que se funden en la majestuosidad del océano para retomar el ciclo de la vida. Estos territorios por los que caminaron comunidades humanas durante miles de años valorando y respetando ser una parte más en el tejido de la vida, cayeron como el resto de los territorios del continente en la "larga noche de los quinientos años".   

Desembarcaron nuevas narrativas impuestas a filo de espada y humo de pólvora, relatos de "progreso" cuyos cimientos configuran una relación mercantilizadora y consumista con la naturaleza. Así comenzaron a abrirse las venas de América Latina y por ellas, hasta el presente, se diversifica y profundiza el saqueo colonialista que arrasa con la belleza, abundancia, diversidad y bondades de nuestros territorios. 

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¿Somos territorios independientes o seguimos siendo colonias? 

En el escenario actual se vienen profundizando significativamente los procesos de acumulación por desposesión, donde el 1% de los habitantes más ricos posee casi el doble de riqueza que el resto de la población mundial.  

Esta desposesión se configura en el marco de un sistema capitalista donde las grandes corporaciones ostentan mayor poder que cualquier Estado-Nación, empresas protagonistas de un proceso globalizador que expande su acumulación de dinero y avaricia sin contemplar el derecho a vivir en paz y con dignidad de los territorios donde depositan sus intereses. Los Estados-Nación ofrecen luz verde a la expansión de las rutas del saqueo, garantizando exoneraciones impositivas, infraestructuras y logística en la búsqueda de inversiones, con acuerdos en secreto a espaldas de la población, entregando por pocas monedas la soberanía.  

El extractivismo con sus lógicas depredadoras se expande de forma acelerada, el hiperconsumo de materias primas marca un vertiginoso aumento en prácticas ecocidas como la megaminería, agricultura industrial, expansión del monocultivo forestal, granjas de producción intensiva de animales, sobrepesca en mares y océanos o producción de combustibles y energías.  

Nuestros paisajes han cambiado de forma drástica, al igual que los modos de vida y vínculo con la naturaleza. Los procesos de acumulación por desposesión marcan la historia de nuestros territorios desde la conformación de los Estados-Nación expulsando, asesinando y materializando el etnocidio de las poblaciones originarias para instalar la hegemonía del discurso criollo-europeo. 

Actualmente, las prácticas extractivistas se profundizan, diversifican y acaparan más suelos, aguas y biodiversidad. En este sentido, sentimos particular tristeza al contemplar el avasallamiento de la vida con megaproyectos como la expansión del monocultivo forestal asociado a la instalación de gigantescas plantas de producción de pulpa de celulosa, el significativo incremento de superficie para prácticas agrícolas tóxico dependientes y los recientes anuncios de proyectos a gran escala de producción de hidrógeno "verde".  

¿Por qué sentimos tristeza y gran preocupación por la profundización de este modelo llevado adelante por los distintos gobiernos que han gestionado nuestro territorio? 

Porque sostenemos que la salud y bienestar de nuestro cuerpo físico, psíquico, emocional y espiritual se encuentra profundamente vinculado con la salud y bienestar de los espacios que habitamos. La degradación de nuestros suelos por el uso intensivo de fertilizantes, insecticidas, herbicidas y fungicidas sumamente tóxicos en las prácticas del agronegocio principalmente sojero y arrocero eliminan la biodiversidad, nos brindan "alimentos" plagados de químicos cancerígenos, contaminan y desvían cursos de agua con miles de embalses artificiales. Las grandes plantas de celulosa consumen en la producción de materia prima y su procesamiento  gigantescos volúmenes de agua dulce, expanden una gran polución al aire generando olores fuertes y desagradables en ciudades y pueblos próximos a sus establecimientos. Sus lógicas colonizadoras se infiltran en instituciones educativas. Extinguen la vida de cursos de agua como el Arroyo Sauce (tributario del Río Negro) con importantes derrames de químicos, llegando a más de 52 denuncias ambientales por sus prácticas ecocidas. Se suman en este escenario los anuncios de inversiones multimillonarias en diversos proyectos de ex plotación de acuíferos para la producción de combustible y derivados, denominado hidrógeno “verde” que buscan favorecer la “transición energética” del Norte global, profundizando los territorios del Sur global como zonas de sacrificio. 

Aún en la adversidad, es imprescindible mantener siempre la “esperanza, pero tener esperanza del verbo esperanzar; porque hay gente que tiene esperanza del verbo esperar. Y la esperanza del verbo esperar no es esperanza, es espera. Esperanzar es levantarse, esperanzar es ir detrás, esperanzar es construir, esperanzar es no rendirse. Esperanzar es seguir adelante, esperanzar es unirse a otros para hacerlo de forma diferente…” Paulo Freire. 

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En la larga y oscura noche de los quinientos años sabemos de tristezas y también sabemos de alegre rebeldía. A lo largo y ancho de esta historia nos han esperanzado miles de seres en su compromiso y voluntad de caminar hacia la justicia y  belleza de la existencia. Continuamos el llamado en defensa de la vida y sabemos que los intereses geopolíticos de las grandes corporaciones están ligados estratégicamente al dominio de las fuentes de agua, la molécula esencial para desarrollar la existencia en este planeta e imprescindible para el desarrollo de cualquier actividad humana. 

Por esta razón, estamos fuertemente comprometidas y comprometidos en la defensa del agua y la vida. Desde diversos colectivos y comunidades en todo el país caminamos hacia la construcción de un tejido de resistencias frente a sus prácticas hiperconsumistas y ecocidas. 

Sentimos, pensamos, promovemos y caminamos en el valor de producir alimentos sanos para nuestras familias y comunidad, proteger la cantidad y calidad de las fuentes de agua para el presente y futuras generaciones, abrazar los montes y pastizales nativos que son clave en los procesos de equilibrio de los ecosistemas y refugio de maravillosa diversidad, dar valor a nuestros suelos que ofrecen tanto alimento y medicina. Nuestros cuerpos y territorios ya no resisten los procesos de acumulación por desposesión, no podemos seguir engordando con las bondades de nuestros territorios los bolsillos de unos pocos y vaciar las ollas y alegrías de muchos. 

Nuestras luchas son por la dignidad de vivir con paz, justicia y belleza. 

Desde la Comisión de la Laguna del Cisne y Yasyry (Arroyo Solís Chico) te invitamos a caminar juntos y juntas para construir los territorios de la esperanza.  

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